Cierto día, mientras intercambiaba ideas con Topochoblog, el hombre para el que la paternidad no tiene ningún secreto, aprendí un sin número de detalles sobre la felicidad de tener hijos. Contábame Topochoblog, de un anecdótico capitulo de la famosa, aunque para mi desconocida, serie The West Wing. El capitulo se trataba de algo así como el titulo de este texto, Padre de hijas. El hombre al que todos los demás hombres le ofrecían un trago o un café como una forma de alivio de aquello que se supone es una de las tareas mas complejas de la vida de un hombre. Ser padre de una hija.

Ha de ser, en principio, tan complicado como ser padre de un hijo varón, tal y como le llaman los abogados para evitar dudas. Pero luego se complica con las múltiples facetas que va desarrollando el diamante femenino a medida que comienza a brillar con la incidencia directa de la luz de la vida. Yo tengo una hermana, ella siempre me lanza conjuros augurando que algún día seré padre de hijas. Digamos que las estadísticas familiares la apoyan así que no puedo ni afirmar ni negar su teoría-deseo.

Una posible causa de complicación debe surgir del pensamiento, no se si humano o solo masculino, de construir una vida futura tal como la visualizamos, soñamos o imaginamos. Pero estoy entrando en un terreno meramente especulativo ya que aun no tengo hijos. Por ahora solo me queda confiar en el decir de los expertos.

Si de verdad es tan complicado no queda más que saludar a quienes hoy son padres, en espacial si son padres de hijas, en adelante si me encuentro alguno le invitaré un café, le preguntaré que tal va su vida, y dejaré que me cuente su historia sin importar que tan larga sea. No pierdan la oportunidad de hacer lo mismo, recuerden que es y será siempre, padre de hijas.